O más exactamente, Lasagna de espinacas con panceta, piñones y crema de queso de cabra. Para su elaboración partiremos, una vez más, de un producto de temporada -las espinacas, que congeladas también resultan fantásticas- y entorno a él organizaremos un delicioso, sabroso y nutritivo plato único con un suave aroma a queso de cabra. Respecto a este último ingrediente hay que hacer una puntualización: en esta receta ni el aroma ni el sabor resultan agresivos, pero para aquellos que no gustan de las particularidades de este queso, siempre existe la alternativa de utilizar otro de sabor más neutro -un Mascarpone, un queso fresco o incluso un requesón pueden resultar aptos para la preparación-.
Hoy también nos acompaña Henry Matisse con una nueva obra de una mujer junto a una mesa [+]; “Naturaleza muerta con mujer dormida” (1940). Una refrescante y reposada pintura, ideal para ponerse manos a la obra.
Vamos con la lista de ingredientes. Necesitamos 500 gramos de placas de Lasagna, 1 kilo y medio de espinacas frescas -o un kilo si son congeladas-, 2 “rulos” de queso de cabra de unos 200 gramos cada uno -tipo President, Chavroux o similar-, 150 gramos de panceta ahumada cortada muy fina, 75 gramos de mantequilla, 75 gramos de harina, 75 centilitros de leche, 20 centilitros de nata líquida, 100 gramos de Parmigiano rallado, 100 gramos de piñones, aceite de oliva virgen, nuez moscada, sal y pimienta.
Manos a la obra. Cocemos la espinacas en abundante agua salada durante unos 15 minutos -10 si son congeladas-, las escurrimos y las trocemos para poder manipularlas con más comodidad. Mientras, precalentamos el horno a 180ºC y doramos la panceta sobre la rejilla hasta que quede bien crujiente. La reservamos envuelta en papel absorvente. Al mismo tiempo salteamos los piñones en una sartén en seco -sin aceite- pero cuidando que no se quemen.

La primera capa está lista; las placas de pasta del fondo y los laterales, las espinacas, la panceta ahumada, los piñones tostados y la besamel al queso de cabra. Otra capa de placas de pasta y vuelta a empezar con el relleno.
Preparamos la besamel. Un sistema que simplifica y evita problemas es hacerla “a la manera de Fernando Canales [+]“, es decir, calentamos la leche y aparte batimos en un bol la harina junto con la mantequilla derretida hasta obtener una mezcla homogénea. Cuando la leche empiece a hervir añadimos lentamente la mezcla y dejamos hervir suavemente removiendo durante unos 10 minutos. Si es necesario, rectificamos la textura añadiendo algo más de leche o dejándola evaporar, salpimentamos y añadimos la nuez moscada al gusto. La besamel está lista. Mientras, quitamos la corteza y las puntas a los “rulos” de queso y lo troceamos. Incorporamos la nata y el queso a la besamel y batimos enérgicamente hasta obtener una masa homogénea. La textura final ha de ser muy cremosa, no sólida.
Montemos la lasagna. Engrasamos una fuente de horno con un poco de aceite y colocamos una base de placas de pasta cubriendo el fondo y los laterales -si es necesario, cortar las placas para cubrir perfectamente la fuente-. Colocamos sobre éstas una capa fina de espinacas, unos piñones, unas láminas de panceta, cubrimos con una capa ligera de la besamel al queso y espolvoreamos un poco de Parmigiano. Volvemos a colocar otra capa de pasta y repetimos la operación hasta acabar con los ingredientes -deben salir unas tres capas de pasta y otras tantas de relleno en función del tamaño de la fuente-. Para acabar cubrimos todo con la besamel restante y el Parmigiano rallado.

La Lasagna recién salida del horno. La superficie y los laetrales están crujientes y el relleno bien caliente. Es la hora de la degustación.
Y al horno. Una treintena de minutos a 180ºC será suficiente para acabar el plato. La besamel ha de quedar perfectamente dorada y crujiente. Servir caliente acompañada de un buen tinto joven y aromático. Y, como siempre… Buon Appetito!