Es esta, quizá, la pieza más optimista en lo musical escrita por Gustav Mahler -lo cual ya es bastante decir- y, en ella, todo se comienza como si de un bucólico paseo matinal se tratara.
| Esta mañana caminé por el campo; Cuando el rocío cubría cada brizna de hierba. El alegre pinzón me dijo: “¡Eh! ¿No te parece? ¡Buenos días! ¿No te parece? ¡Tú! ¿No te parece bello el mundo? ¡Pío! ¡Pío! ¡Bello y brillante! ¡Cuánto me gusta el mundo!” |
Ging heut morgen übers Feld, Tau noch auf den Gräsern hing; Sprach zu mir der lust’ge Fink: “Ei du! Gelt? Guten Morgen! Ei gelt? Du! Wird’s nicht eine schöne Welt? Zink! Zink! Schön und flink! Wie mir doch die Welt gefällt!” |
Pero la alegría no dura mucho y, tras su frágil apariencia encontramos el verdadero motivo del paseo; la huida y el reencuentro, o lo que es lo mismo, el intento de superar una ruptura encontrándose a sí mismo en una exuberante -y conversadora- naturaleza. Un viaje, al mismo tiempo, hacia fuera y hacia dentro. Y todo parece ir bien hasta que los sombríos recuerdos, la incapacidad de olvidar y el funesto e ineludible fatalismo caen como una losa sobre el autor y su obra. Y todo ello ocurre en las tres última líneas de la pieza:
| ¿Ahora también comenzará mi felicidad? ¡No, no, la felicidad que yo quiero jamás podrá florecer! |
Nun fängt auch mein Glück wohl an? Nein, nein, das ich mein’, Mir nimmer blühen kann! |
Vincent van Gogh también nos describió la naturaleza como espacio de huida y reecuentro amenazado por lúgubres presagios en su obra “Campo de trigo con cuervos” pintada hacia 1890, fecha curiosamente próxima a la de creación de los lieder de Mahler que comentamos. ¿Casualidad o una de las características del pensamiento post-romántico?. Otra belleza, en cualquier caso.
Así, lo que empieza como un optimista canto de libertad y de encuentro con la naturaleza acaba en un oscuro interior de pesadumbre y dolor. Pura dualidad. Tal vez por ello resulte aún más sorprendente el empleo de esta misma melodía en el inicio de su primera sinfonía -”Titán”- que Mahler describió en su día como el momento inicial de la creación, casi “un ruido de la naturaleza”. La naturaleza de nuevo, esta vez no como marco del dolor sino de origen y creación.
La pieza en cuestión, un lied o canción, lleva por título “Ging heut morgen übers Feld” -Esta mañana caminé por el campo- y pertenece a la colección “Lieder eines fahrenden Gesellen” o Canciones de un compañero de viaje. La obra, escrita hacia 1885, refleja el estado de ánimo del joven compositor tras la ruptura con su compañera la soprano Johanna Richter.
He preferido optar por la versión orquestal del lied frente a la versión de solo piano y voz dada la riqueza y profundidad que aportan sus tres protagonistas, la voz, la dirección y la orquesta que forman, a mi entender, un todo único tan bello como emocionante.
La versión que os presento hoy está dirigida -genialmente como siempre- por Pierre Boulez y la Filarmónica de Viena e interpretada por el gran bajo-barítono Thomas Quasthoff. Que ustedes la disfruten..


